3.10.05

De shopping y otras historias de terror

Como mujer de amplio perímetro torácico, tiemblo al pensar que tengo que comprarme ropa. No es broma: sólo acercarme a un escaparate me produce escalofríos. Para eso soy bastante atípica. Así que esta tarde, armada de valor y con mi sueldo recién ingresado, me he ido a una tienda de tallas grandes a comprarme camisas de niña, más que nada para darle un gustazo a mi madre que siempre me ve con tejanos, sudadera y botas. Cuando he llegado allí casi me tengo que poner las gafas de sol: las camisas tenían unos estampados tan discretos que deberían mirarse con las gafas que me han dejado hoy para ver el eclipse. Purpurina y lentejuelas incluidas. Vamos, lo que me faltaba... media adolescencia estirándome los jerseys para que no me marcasen nada de nada de nada, y a mi edad adulta ponerme una de esas camisas de noche de fiesta en televisión. Con tal de venirme con algo para casa, me pruebo tejanos... ningún problema con ellos. Y eso que soy de las partidarias de directamente instalar horcas en los probadores para poder suicidarte en la intimidad cuando acabas de mirarte al espejo y compruebas que esos pantalones que se llevan a ti te quedan como para gritar. Y no de alegria, de susto. Quedan monos, no se me caen del culo, son ajustaditos.. y cuando miro la etiqueta comienzo a hiperventilar, porque cuestan nada más y nada menos que 49,50 euros. Ni que fuesen Miss Sixty!!! ¡¡¡Anda ya!!! Así que planeando un asalto a curiosear a un bazar chino para comprarme a unos tejanos, entro en una zapateria, me compro mi cuarto par de botas de mi vida y me largo tranquilamente para casa. ¡Ah! y otro libro. Lo mio comienza también a ser vicio.

1 comentario:

isabel_iglesias dijo...

Hola Silvia¡¡¡¡

Jajaja... muy bueno, sigue así , que tienes dotes de escritora...

Me he reído un rato con esta historia .

Un saludo.