Hace poco tuve que hacer orden de libros para llevar al trastero. Me da una infinita pena hacer eso, pensar en todos mis ratos de evasión, pasión y entretenimiento metidos en cajas de cartón con plástico, humedeciéndose en el trastero. Pero claro, quien dijo que el saber no ocupa lugar no contaba con la industria editorial. Ocupa lugar y mucho, que no tengo porque sigo de okupa en casa de mis papas.
En fin, el caso es que puestos a renunciar a libros, hice una caja con una estupenda colección de libros de cocina que no utilizaré todavía, porque es un arte para el que no estoy diseñada, y otra a la que bauticé con un rotulador permanente con el título de “Códigos, enigmas, Magdalenas, Griales, templarios, cátaros y albigenses”. Con estas etiquetas estaba catalogando novelas muy muy entretenidicas de las que enganchan y que ya por si solas son el género enigma, pero que cuando las acabas no te dejan más que un poso y se me van confundiendo argumentos y personajes en la memoria.
La novela de la que os voy a hablar es una de esas. Pero como no soy las que critica la calidad de los best sellers enigmáticos, más bien les admite sus gracias, sigo con esta novelita que ahora ha salido en bolsillo y que puede hacer las delicias de los amantes del género.
Antecedentes en la Edad Media, resolución en este siglo que empieza. Una detective del FBI que a raíz de un accidente, se le activan zonas del cerebro que le permiten ver muertos y ponerse en el lugar de asesinos y sus víctimas. Toda una maldición que se mezcla en el argumento con la supuesta existencia de un Evangelio de Satanás desaparecido cuyos seguidores se han perpetuado a través del tiempo y que van en busca de su texto sagrado y sus reliquias para demostrar al mundo que Jesús no resucitó de entre los muertos. Añádele a eso un exorcista veterano, jaleos en las curias vaticanas, la intromisión de una inspectora de los carabinieri…FBI, templarios, órdenes secretas de monjas y Satanás.
Todo esto articulado con la típica estructura narrativa en pasajes intercalados de este tipo de novelas, que te dejan suspendida una parte de la acción durante determinado número de páginas, combinados con los flash backs directos o dirigidos por la facultad de la agente del FBI de meterse en la piel de muertos varios. Concluyendo, un libro altamente adictivo, sin descanso. Y qué más dará que sea típico cuando ha alcanzado esas cotas de calidad en lo suyo. Que más da que no deje poso cuando nos evade, nos enerva, nos hace adictos con esa facilidad. Porque leer también es divertirse con ello.
Reconozco que soy una persona bastante compulsiva. Y, de alguna rara manera, ordenada. Soy suficientemente caótica interiormente para intentar de todas las maneras mantener un orden exterior que me tranquilice. Aún así hoy tengo la mesa ocupada por papeles, libretas, libros a devolver a la biblioteca y a mis amigos. Espero poder por lo menos dejar este escritorio despejado antes de las siete de la tarde.
No tener trabajo te quita rutinas. Te quita quizás la rutina mas fija de tu vida. Y eso hace que el resto de las rutinas desaparezcan. El tiempo se estira o se encoge a tu gusto y sólo te queda hacerte horarios mentales que vas rompiendo sistemáticamente, ya que nada fijo te obliga a reordenarlo.
Por esa razón llevo una semana buscándome tareas de orden y colocación. Como a nadie, no soy adicta a limpiar, pero debo admitir cierto placer mental al dejar la fregona cruzada delante de la puerta de cualquier sala de la casa indicando que no se puede pisar. O al entrar en una habitación, la mía, oliendo a friegasuelos, lejía y limpiador de muebles. Y también encuentro un extraño placer en hacer un sitio para cada cosa.
Por eso estoy recuperando el gusto por mis antiguas colecciones. Mi sorpresa fue encontrar aún por casa mi viejísima colección de sellos matasellados. Volver a clasificar esos sellos, separarlos del papel de los sobres, ponerlos delicadamente en papel secante y colocarlos en los álbumes por series, años, manejando las pinzas de patas casi planas evitando dañar el troquel de alrededor. Me resulta relajante en extremo y a ello me he dedicado un día entero, dejando los dos últimos clasificadores a mano (el de sellos de España y el de extranjeros) en espera aún de aumentar mi colección con sellos viejos que no sean autoadhesivos.
Mi otra gran colección no puede ser llamada como tal. Primero, porque mi padre llevo al trastero parte de ella sin mi permiso, y no puedo clasificarlos convenientemente. Son puntos de libro, o marca páginas como queráis llamarlos. Pero de esta colección me considero recolectora. Necesito una inversión de tiempo que tengo pero en dinero para colocarlos en hojas especiales, comprar carpesanos para seguir clasificándolos etc.. En cuanto tenga algo de dinero compraré hojas y empezaré a coleccionarlos de verdad, clasificando los de editoriales como los de Salamandra, que tienen siempre el mismo tamaño, o por origen (pseudo flyers de discoteca, librerías, bibliotecas, promoción editorial, exposiciones de arte, turismo..) En fin debe haber tantos como clasificaciones de libros en una biblioteca.
Como todos los hijos de pobres, mis colecciones son gratis. Pero tiene gracia comprobar como mi desordenado desorden se refleja en mi manera de coleccionar o de recolectar. Y ambas son de momento, infinitas. Como la biblioteca de Borges.
Banda sonora de esta nota: Los gatos lo sabrán de Loquillo y Sopeña
La compré a finales de año. Hacía muchos años que no me compraba una, así como ritual navideño, porque no las acababa utilizando. Siempre me compraba La agenda de las mujeres de la editorial Horas y horas porque me encantaba su diseño, su página por día, sus historias de mujeres que intentaron cambiar el mundo. Por ahí las tengo guardadas todas en una caja, sólo con la agenda de teléfonos escrita y mis datos personales. Nombre apellidos y dejando bien claro que soy diabética tipo II, en caso de accidente con sangre. Este año me regalaron una para mi cumple, pero una de esas agendas perpetuas que tiene múltiples apartados y preferí dejarla en mi mesa para recordatorios varios.
En fin, mi agenda ritual de este 2009 es de regalo de una revista. Estaba con Mi Amigo paseando por La Rambla de Barcelona, con todo su particular encanto de quioscos llenos a rebosar, animalitos con cara de deprimidos que me deprimen a mí también y flores y estatuas vivientes que cobran un euro por hacerse una foto. La vi, plastifica y de mi color favorito, el azul turquesa y me la compré de inmediato.
Ya en casa rellené los datos de rigor de identificación. La miré, le puse una goma ancha para mantenerla cerrada y para aguantar el bolígrafo y, cual monólogo shakesperiano, le dije en silencio a ese librito: "Vas a ser mi agenda del 2009. Sólo voy a apuntar citas con gente, conciertos, salones de libros y alegrías. Vas a reflejar mi año de dolccefarniente, de carpediem y de memento mori, de como voy a aprovechar el tiempo hasta el último segundo, de como me voy a perder en conversaciones con toda la gente maja que me rodea y que no he tenido tiempo de cuidar como se merece". Y lo primero que hice como muestra de buena voluntad fue pegar los dos horarios de cercanías de renfe que más uso, como muestra de voluntad viajera.
En fin, toda una declaración de principios pero ahora, a finales casi del mes de febrero, me he dado cuenta de que lo que gana por mayoría son las visitas a médicos. Ya llevo dos visitas a la cabecera, dos al dentista, una a la ginecóloga y dos análisis de sangre con el tercero en proyecto. Vamos que por lo visto estoy más cascada.... Mis páginas sólo tienen pegadas pegatinas que imprime el ordenador de las de recepción del C.A.P de mi pueblo y me está empezando a resultar deprimente un poquito.
Pero sólo un poquito. Sin escribirlas pero ya empieza a haber callejeos varios, gastos de gasóleo, tardes para guardar en la memoria, café, mucho café, y risas, muchas muchas muchas risas.
Banda sonora de esta página: No lineonthehorizon de U2
(aquí, en un ambiente más bucólico que el que estoy leyendo en su novela, el señor Michael Connelly)
Mis experiencias literarias suelen ser, como de costumbre, con letras. Quiero decir que me considero una gran lectora, pero no de esos que van a las ferias del libro en busca de una firma, saludar autores y que guardan sus ejemplares autografiados en una vitrina. Tengo, eso sí, dos que conservo con especial cariño: uno del que considero uno de los mejores poetas del siglo pasado, José Agustín Goytisolo, y otro de Manuel Rivas, que tiene la fama de hacer dedicatorias personalizadas a cada uno que se las pide. En fin, mis joyitas bibliográficas que a la vez son libros que me han cambiado un poquito más para bien.
En fin, hace unas semanas tuve una experiencia paranormal con un autor de novelas que desconocía por completo. Vamos, cuando digo que lo desconocía es que no había visto siquiera una foto más que en la revista Que leer, que pese a todo compro religiosamente cada mes. Todo empezó, como muchas cosas, con un sms. Fue durante la semana que dedica Barcelona a la novela negra: BcNegra 2008. El mensaje, de mi amigo C., me invitaba a compartir con el uno de los actos de esta semana: Una entrevista a Michael Connelly, que por mas ende había recibido el premio Vázquez Montalbán a su producción novelística centrada casi toda (que no toda ) en su personaje Harry Bosch.
Fuimos al teatro Romea, lugar de la entrevista en directo, casi una hora antes. Ya había bastante gente y aún así nos sentamos en casi cuarta fila. Mi amigo consultó una cosa y así me entere que , mediante sorteo radio, era uno de los afortunados que iba a poder charlar con Connelly en directo. Fue la verdad divertido y muy interesante. Allí estaba el famoso presentador perpetuo del programa Bon día Catalunya, Josep Cuní, que si en su programa me parece el somnífero ideal, en la entrevista estuvo irónico, punzante y me hizo reír bastante (sorry Jordicine si lees esto, pero es que tu jefe me parecía muuuuuy serio. A ti te veo de vez que cuando eh). Y el director de Babelia, de cuyo nombre ahora no puedo acordarme. Y un moderador más un intérprete que fue lo mejorcito de todo. Muy muy expresivo, una voz de actor de doblaje, en fin, una delicia de acto.
Después como no, firma de libros. Como supondréis no llevaba ni uno ni siquiera dinero para comprarlo allí, así que hice cola pacientemente con mi amigo al ladín para hacerle cuatro fotos chapuceras con mi móvil de antepenúltima generación o segunda o algo así. Luego me dediqué a mirar el edificio, enfrente del teatro Romea, al que llaman La Capilla. Dos mujeres, la de la emisora de radio y la de la editorial, reunieron a los dos únicos ganadores del sorteo mientras yo seguía mirando los arcos del techo. Llegó el momento de conocer al señor Connelly y los dos fueron entusiasmados a hablar con él. Yo, de comparsa, detrás de mi amigo, mirando el suelo mientras los escuchaba hablar en inglés, con mi amigo en labor de intérprete de el otro , Javier, cuando de repente escucho algo así como:
_ wachiwachiwachi an te leidi wachiwachi?????
Levanto la vista con los ojos redondos como platos y veo, con cara de horror, como el señor Connelly me está mirando directamente a mí, a mí, que hice francés hasta el COU y que , a mis veinte y diecisiete, sólo sabe de inglés el I don´t speak english que me rescata de cualquier pregunta de turistas varios.
_ Ceee que ha dicho porfaaaaaaaaaaaaaa_ le digo mientras ni siquiera abro la boca para hablar, entre dientes
_ Que que argumentos para Harry Bosch esperas encontrar en su próximas novelas_ me dice aguantándose la risa.
_Jodóooo tío, que no me he leído ni las que están ya escritas, dile eso aunque quede fatal de la muerte_ mientras mis ojos se abrían casi hasta lo imposible.
Y le escucho soltar, tan tranquilo en inglés algo que me traduce el tío como un “le he dicho que estás empezando a leerle ahora”, mientras el señor Connelly me suelta otra parrafada en su inglés de Los Ángeles (el inglés de Santa Coloma aún puedo captar palabras) del que sólo entiendo algo así como “leidi” y yo me lo miro con atención mientras pienso el típico “tu padre por si acaso” sin entender ni papa, deseando que se abriese el suelo de la capilla esa, y entonces viene una de las chicas y dice “venga a haceros la foto” y yo me escaqueo con disimulo a un lado mientras mi amigo y el otro ganador se acercan a su novelista y de repente oigo algo así como “leidiii”. Y me veo al señor Connelly haciéndome gestos para que me acerque, me engancha de la cintura y allí me veo, delante de un fotógrafo profesional, haciéndome una foto para la posteridad de la que a día de hoy no he recibido en mi correo “eléctrico”.
Nos despedimos con dos besos mientras seguía diciéndome yo que sé. Miro otra vez con cara de angustia a mi amigo que me suelta..
_Dice que espera que empieces a leerle ya_
Normal, con esa cara de susto se me debió ver a millas americanas que desconocía por completo su obra. Salí de allí con el cigarro ya en la boca esperando ser encendido, me giro hacia mi amigo y le espeto:
_Que sea la última ultimísima vez que me metes en un jaleo de estos, joder_
Y dándome un puñetazo suave en el hombro responde:
_Anda, te quejarás, que has conocido a un escritor famoso. ¡Pero si a ti te encantan los jaleos! Vamos a cenar, que ya tienes algo que escribir para tu blog.
Si, que escribir para mi blog, en espera de la foto, y para animarme a leer a Michael Connelly. Ya he empezado Ciudad de huesos.
Banda sonora de esta nota: Kind of blues de Miles Davis (homenaje como no a Harry Bosch)
Amig@s concienciad@s, no quiero con esta nota dar más la vara sobre la necesidad de reciclar todo lo reciclable, de ser selectivos a la hora de tirar la basura, de usar los medios que tenemos para ello. Quiero hablaros de una curiosa modalidad del fomento del reciclaje que podríamos bautizar como reciclaje textil.
Nuesta variante doméstica de reciclaje textil viene heredada directamente de los hijos de la posguerra que fueron nuestros padres. Supongo que la tradición tendrá un rancio abolengo de siglos.
Aún me acuerdo cuando, de pequeña, recibíamos la ropa usada que se le quedaba pequeña a nuestr@s prim@s. Volvíamos con las bolsas entre nosotras en el asiento trasero del coche, sin soltarlas en la media hora que había de un lugar a otro, rompiéndolas al llegar y atentas para que la pieza preferida fuese de una en lugar de la otra, la que tenía la vista y la mano más rápida. Cómo protestábamos cuando algo se adjudicaba en función de talla (cuando eres pequeña, te da igual que una falda te llegue por la línea de las nalgas, esas inquietudes de aspecto son más adolescentes que otra cosa), o por si venían en el lote esos minibolsitos que ya usaban mis primas del año 69, privilegio de la preadolescencia que aún nos estaba por llegar a mi hermana y a mí.
Y también recuerdo con íntima satisfacción hace un par de meses la llegada de dos bolsas con chaquetas de invierno de la jefa de mi madre. Íntima y de muy mala baba, lo reconozco. La señora ha aumentado la talla hasta la 46 y nos iba todo de lo que trajo. Hasta hace poco su ropa sólo la podía reciclar mi tía Ana, un pizquillo de mujer que pesa menos de 50 quilos sospecho.
Últimamente veo mucha gente descerrajar, literalmente, esos contenedores de ropa que se supone que son para repartir entre los más desfavorecidos. ¡Ole!, pienso. Esto ya es el self service, un engranaje menos en la cadena del reciclaje textil y supongo que esa gente realmente lo necesitará. El otro día dos madres revisaban la ropa del contenedor forzado, dejando cuidadosamente plegada la ropa que desechaban en la puerta abierta del armatoste.
Pero en mi casa parece haber unas constantes con el fomento del reciclaje textil. Es mi hermana pequeña, muy fashion victim, el primer eslabón. Su ropa se reparte equitativamente: pantalones para mí, faldas y jerseys para mi madre, jerseis para mi hermana y calzado deportivo para mi padre. Para que luego digan..eso si que es una democracia en la república independiente de mi casa (Señores de Ikea, no pienso pagar derechos por la frase porque ya se ha convertido en un lugar común en el castellano).
¿Y los bolsos?¿Qué decir de los bolsos? Cuatro mujeres en casa y hay cienes. Cuando una hace limpieza siempre consulta a las demás con un ¿Alguien quiere este bolso?. Y normalmente si no haces una limpieza estrictamente privada y con nocturnidad y alevosía, el bolso en cuestión sale de un armario para meterse en otro. Y así seguimos pasándonos bolsos de unas a otras en un eterno bucle que riete tú de la peli esa de El día de la marmota con Bill Murray de protagonista. Todos para todas, al tiempo siempre ocurre.
Así seguimos practicando el fomento de reciclaje textil doméstico. Porque, recordad amigas, los bolsos son como la energía en cierta manera, que ni se crea ni se destruye, se transforma. Pues los bolsos no se destruyen: se reciclan.
Banda sonora de esta nota: Mas es mas de Fangoria (porque me gustan ¿qué más razón?)
Tarde de compras con mi amigo. Cuesta de enero y cena económica en un MacDonalds, con vale dos hamburguesas por seis euros. Lo barato al final salió caro. Pero también teníamos un vale de dos entradas de cine por el precio de una. Noche de vales descuento. Elegimos una película de terror. Huelga decir que hace años que no iba a una sala a ver una peli de terror. Supongo que, como el género es de resultados muy irregulares, arriesgar el precio de la entrada y de una botella de agua en una peli de esa clase se me hacía como muy cuesta arriba.
Jo, qué miedo pasé. Los dos solos en una sala y ya en los dos primeros minutos me dí un susto de narices. Así que decidí aplicar mis conocimientos de cine y, cada vez que la banda sonora cambiaba un poco, sonaba una nota discordante, ya estaba perfectamente preparada para el susto. Pero no con los ojos abiertos, no. Amarteladamente refugiada en el hombro de mi amigo. Vamos, puedo asegurar que no era una estrategia para morderle la yugular, ni mucho menos, sino para evitar sobresaltos varios que una es muy muy nerviosa y enseguida se "entaquicardia"( peazo verbo me acabo de crear con los recursos de la morfosintaxis castellana). Sin zapatos, que me los quité na más sentarme, con los pies apoyados en el asiento y viendo la peli de reojo con el cuello torcido, que anda que no lo noté a la que me tumbé a dormir hasta que escuché un..Silviiii que no estás viendo la película, y me dio por pensar en el coñazo que le estaba dando al pobre y le dejé un poco de espacio en su flanco izquierdo. Eso sí, medio tapándome con la chaqueta.
Ahora mismo me atrevo a confesarlo. Cuando, al finalizar, vi a la acomodadora a pie de pantalla indicándonos la salida, casi me da un infarto pensando que se había materializado en ese mismo momento. Mardita sugestión.
La peli eso sí, malísima de argumento jajajaja. En vez de una canción os dejo un trailler, para que opineis.
Tiene algo de siniestro este viento. Lo escucho a mi espalda y me acaricia la nuca desde mi ventana eternamente abierta. Ahora para, dejando un silencio extraño solo roto ahora mismo por mi emisora de jazz del ordenador, muy bajita para que la música sea relajante. Intentas descifrar algo en su sonido y es inútil. No sabes si descifrarlo como una amenaza o una promesa. Se mueven las persianas y recuerdas todos esos ominosos presagios de noche, árboles y viento que se dan en las películas de terror.Pero es de día y decido, sensual y valiente, salir a la calle a sentir sus dedos entre mi pelo, sus besos en mi rostro, de este maldito viento.
Banda sonora de esta nota: Llegará la tormenta de Amaral
Son días inciertos. Son días funestos como dicen los entendidos en cosas orientales. Abogados, papeles, gente reclamando lo suyo. No doy abasto. Estoy bloqueada para todo lo que me gusta y eso me parece grave. Ni leo con la suficiente concentración, ni callejeo con esa despreocupación de respirar, ver gente y no sacar las manos de los bolsillos. Por algún lado tendrán que salir esos nervios que, quien me conoce, sabe que nunca he acumulado. Echo de menos el nadar, pero tengo que poner al día mis cuentas en el polideportivo y eso ahora mismo no estoy en condiciones de hacerlo.
Solo me gustaría volver a ser otra vez yo misma. Me echo de menos desde octubre a esta parte. Es un poco tonto echarse de menos a una misma, lo sé. Pero quiero ser la que disfrutaba con cualquier cosa tonta, porque en ese disfrute esta la felicidad con minúsculas que, aunque sea con minúsculas, es la más importante. Y aislarme mientras leo, relajarme mientras hago largos decididamente lentos a propósito, aspirar el olor a pinaza paseando por Collserola, saborear café bueno en buena compañias mientras veo pasear a la gente del pueblo, impacientes algunos, otros pausados, bailar hasta que me deshidrate, cenar con mi gente, disfrutar de otra persona con tiempo y con la cabeza solo puesta en una cosa.
No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista.
Banda sonora de esta nota: Nasio pa la alegria de Estopa...una de esas canciones de personajes en la contra de todo.
Ya sé que soy demasiado grandecita para ir escribiéndoos cartas de estas. Y que si voy a un gran almacén a sentarme en las rodillas de alguno de vuestros pajes lo más probable es que le provoque una lesión muscular. Pero entendedme; creer en vosotros es como creer en la divina providencia, y llega un momento que llega a la misma conclusión que ese personaje de la serie Expediente X: quiero creer en algo. Así que por si acaso, y por tradición familiar, os escribo a vosotros para reclamar cositas a ver si, si cuela, cuela.
Ya sé que este año no he sido buena para nada. Pero que sirva en mi descargo que mi intención nunca es la de hacer daño. Pero bueno, el efecto boomerang ya se ha encargado de darme mi ración de bajones varios. Me he quedado en el paro de la peor manera posible, estoy a números rojos este mes de diciembre, gorreandole a todo el mundo para tabaco como cualquier adicta, y viendo a la gente cargada de bolsas mientras yo sólo paseo mi vieja mochila por las calles. No me puedo quejar para nada. Tengo techo, comida y ducha gracias a mi okupación tolerada de casa de mis papis. E internet para comunicarme con mi gente. Pero echo de menos ese contacto directo delante de una mesa de bar con un café calentito y un agua fría.
Así que no os iré pidiendo que me toque la loteria de navidad, ni que el juez hunda en la miseria al ladrón de mi ex gerente. Para estas fiestas solo pido:
- Que me lleneis el depósito de gasoil del coche para poder reunirme con mis amigos
_ Que me pagueis el impago de Movistar, que me han cortado el móvil por falta de pago para llamar cada día a mi más mejor amiga que está pasando unas fiestas de pena.
_ Cash para ir a la peluquería que tengo las puntas divididas en tres extremos. No hace falta que sea la Llongueras, de verdad, con ir a la Araceli que cobra 17 euros por lavar, cortar y peinar me conformo pero de largo.
_ Y arriesgándome al rechazo....¿qué tal un cartón de Marlboro 100?
Nada más, de mis deudores ya me ocupo yo, aunque me metan en la cárcel. No hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista. Además, gimnasio gratis, enseñanza universitaria a distancia y..siempre encontraré a alguien que quiera venir a hacer un vis a vis espero.
Se despide de S.S.M.M, esperando ansiosamente enero para cobrar su primer subsidio de desempleo, esta impresentable.
Silviqui.
Banda sonora de esta nota: Vuelvo a traficar de Melendi (a las malas es la opción que me queda, porque como tenga que ganarme la vida con la prostitución lo tengo claro jajajaja)
Ni triste ni alegre,
ni mucho ni poco,
ni débil ni fuerte,
ni cuerda ni loca
para quien me quiere,
para quien no me quiere.
Ni diablo ni duende,
ni falta ni sobria,
ni frío ni fiebre,
ni nuevo ni roto
Las heridas me hacen daño,
los dolores me dan miedo
y me tengo que morder la lengua
para no decir te quiero.
Y mantengo el equilibrio
cuando no me caigo al suelo
y me tienen que empujar a golpes
para que diga te quiero.
Y aunque sientas que se mueve
soy tan sólo lo que miras
y si tengo que elegir
elijo lo que crece y me da vida
No conozco las respuestas
voy del suelo a las pasiones
lo que importa y lo que no me importa
ya lo cuentan mis canciones
Parafraseando a Pedro Guerra y su "Todo lo contrario"