28.10.06

Reunión Tupperware o pesadilla adolescente.

Esta noche salgo de cena. Con mis amigas. Hace tanto tiempo que está una fuera de combate que no sabe ni lo que se va a encontrar por esos mundos. Llega un momento en que por mucho que te apetezca que el fin del mundo te pille bailando pues la compañía tiene otras prioridades para el suyo. También llega el momento en que, dado el caso, un evento de estos es tan puntual y escaso que llegas a repetir los estúpidos rituales de tu adolescencia de salida diaria. Esos en los que decías; vamos a cenar, y la cena resultaba ser un frankfurt y unas bravas compartidas en el bar de tapas más tiradillo del pueblo, caminata larga para cojer el bus, llegar a un local vacío e irte cuando estaba lo más interesante de la noche. No sé si ahora me quedarían energías para eso, teniendo coche desde hace tantos años. Aún recuerdo que dejé de esperar el último tren de vuelta en Sants, compartiendo banco con los vagabundos, comiendo churros en el parque de la España Industrial, en el preciso momento que mi compañera se sacó el carnet de conducir y su madre le compró un Panda.

Bien, una de esos rituales que se repite es la más temida pesadilla adolescente. O sease, el grano. Una dos días antes de salir una de las escasas noches que sale, de repente, se ve algo de color algo más subidito en medio de la barbilla. Si, hipotético lector, justo en medio de la barbilla. Allí estaba el asqueroso. Así que, evitando todas las tentaciones posibles, cojo la famosa crema para preadolescentes que me recomendaron y me la aplico una de las tres veces que toca. Y a las dos horas tengo un perfecto granito como no lo había tenido con quince años en mi vida. Ni me había dado cuenta hasta que llegué el viernes al trabajo (a veces no me miro en el espejo ni para peinarme) y me salta mi compañero:

_¿Que tienes la regla?_

_Noooo ¿tan borde estoy?_

_No ...es que si no tienes la regla te ha salido un grano pajero juas juas juas juas......

Me quedo con las ganas de meterlo en un cubo de ácido nitrico, me voy a mirar a un vidrio y allí me lo veo, desafiante, enorme, imposible de no ver.... y que siempre me tenga que pasar esto cuando tengo una cena, un encuentro de antiguos compañeros, una cita a ciegas, una reunión familiar.... es como una maldición bíblica joder...... desde que era adolescente e iba a las discotecas a cumplir el horrible ritual de quedarte en la barra mientras la gente bailaba las lentas (la abolición de las lentas en las discotecas es lo mejor que ha pasado para el feminismo desde el voto universal)....

Y como una desde luego ya no es tan fiestera como otro blogeros de pro (vease crónicas de j-vol, micropene o mr. celofán) me subo al lavabo mientras voy tarareando la música de Psicosis en su momento álgido de asesinato, me pongo delante del espejo, acerco mis manos a la barbilla.......


Banda sonora de esta nota: Man! I feel like a woman de Shania Twain
S

6 comentarios:

SEITONAS dijo...

...y plafff
jajaja lo más parecido a una salida de adolescentes q hubo ayer noche, fue ese grano orgullosísimo, el cabrón, de lucir en tu barbilla


y por cierto, yo si tenía la regla

Pastora

Silviqui dijo...

Pues que razón que tiene joia!! Por cierto ¿tanto se veia el grano? uffffvrl

Micropene dijo...

Sí que es una putada, sí. Y efectivamente suele pasar cuando tienes algún plan interesante.
Espero que acabase bien la cosa, porque a veces eso de acercar las manos a la barbilla es muy contraproducente.

Si no nos separaran tantos kilómetros de geografía, te aseguro que no te iba a faltar pareja de baile para esperar el fin del mundo.

Un abrazo

Chiringui dijo...

Ese humedo crujido, el sonido adictivo.

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Anónimo dijo...

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