26.2.06

"Cableada"

Ayer me dio por comentar, mientras veía en un bar el Barça- Zaragoza (he descubierto lo divertido que es ver fútbol en los bares con concurrencia masculina) mis problemas con el pelo con la chica que estaba en la barra. Bueno quien me conoce sabe que me peleé con el peine el infausto día que, con 18 tacos, decidí que estaba harta de llevarlo cortito y que me intentasen ligar las mujeres en el instituto. Por lo visto en los finales de los ochenta quien tenía el pelo corto era una pista para demostrar tu condición sexual. Yo era muy pero que muy pardilla entonces, pero en vista de las experiencias, eso es lo que entendí.

Al caso: tengo el pelo más rebelde del mundo mundial. Cuando llueve no se me riza, como a la mayoria de las personas con pelo ondulado. No: me salen tirabuzones. Como una versión morena de la niña repelente de La casa de la pradera. Y cada día cuando me levanto parezco la novia de Frankenstein. Ni Madge Simpsomp tiene los pelos tan tiesos recién levantada. Sobre todo, el flequillo, pero no tengo paciencia para dejármelo largo. No puedo imaginar que efectos paranormales podría producir siete horas de sueño en mi flequillo el doble de largo. Sólo de pensarlo me dan escalofríos.

Bueno, explicando mis problemas capilares estaba cuando uno de los camareros, estudiante de ingenieria, me suelta

_ ¿Eso sabes por qué es? Por que eres sensible a la contaminación electroestática.

Contaminación electroestática. Se debe, me dijo, a la cantidad de cables que tenemos enchufados por la casa. Me pregunta si tenemos muchos aparatos eléctricos en casa. Y me paro a pensar y sólo en el comedor, entre tele, deuvedé, home cinema, cacharro de TDT, lámpara de leer y el acuario ya tenemos una cantidad de enchufes bastante considerable. Microondas y tele en la cocina. Lámparas de leer en todas las habitaciones. Tres ordenadores... vamos, casi lo normal en estos tiempos. Sólo nos falta la lámparita con agua del bazar chino, la verdad.

Pero es que me paro a pensarlo y no hay un día del año en que no tenga algún cacharro recargándose en mi cuarto. Además lo hacen casi a diario. Cuando no es el ordenador, es uno de los dos móviles que tengo. Cuando no es la consola, es el cacharro del mp3. Y a veces, antes de salir de excursión, las dos baterías que tengo para la cámara de fotos. ¿Qué se ha hecho de las entrañables pilas? Creo que hace un año que compré dos paquetes de cada clase en una mega tienda de informática, y aún no las he gastado más que para los mandos a distancia.

Si esto de los pelos es a causa de esa contaminación electroestática, ya os voy recomendando encarecidamente desde aquí que hagais reserva de espuma, laca, gomina, cera y todo lo que se os ocurra de la drogueria, por que la cosa irá para más. Otro recurso socorrido es raparse al cero, pero aún no me lo he planteado. Es la solución más práctica, eso si. Mientras no provoque efecto pararrayos estaré relativamente tranquila, por supuesto.

Banda sonora de esta nota: Mi vida de Manu Chao

3 comentarios:

Mr.Celofan dijo...

Yo ese problema no lo tengo por causas que saltan a la vista.

Visca el Barça.

Chiringui dijo...

No es por eso, te lo digo yo. Es mas posible que sea por el material de la ropa que llevas.

¿A que te pasa mas en invierno?

Si fuera por eso yo sería cien veces peor que el cantante de los Boney M

Silviqui dijo...

No se si será por la ropa, chiringui...nunca llevo lana y con quien más chispa tengo en casa es con el gato persa... nunca me muerde cuando está encima de la pecera porque nos da corriente a los dos... respecto a lo otro, mientras no empieces a bailar como el cantante de boney m no es preocupante. Mr. Celofán, sin comentarios....